Se fundó a principios del siglo XVIII, dentro de la Merindad de Zornoza, en Vizcaya, en la anteiglesia de Echano, población hoy agregada a Amorebieta con la denominación Echano-Amorebieta, hallándose a poca distancia de su núcleo central junto a la carretera que de él parte para Garaitondo.


Aunque el convento, como tal, data del primer cuarto del siglo XVIII, el santuario se remonta a una fecha de datación anterior, cuando los señores de Larrea edificaron frente a la Casa-Torre o Palacio de su apellido una ermita a mediados del siglo XVII. y la dedicaron a su santo Patrono San Juan Bautista, dotándola de dos capellanías a su servicio en beneficio de los feligreses de la barriada que, por la distancia de su iglesia parroquial de Echano y por, lo áspero del camino quedaban en la imposibilidad de acudir a los oficios religiosos, sobre todo en épocas de lluvias o temporales.


Prescindiendo de leyendas más o menos fantásticas y nada fundadas históricamente, ya en el siglo XVII nos encontramos con unos señores de Larrea bien históricos, dueños de dos solares de su apellido, entroncados entre sí, ambos de idéntica arquitectura, situado uno en Echano (Vizc.), y el otro en Argómaniz, en la llanada de Alava, y que brillaron como grandes personajes y hombres de consejo en torno a los reyes Felipe IV y Carlos II.


Uno fue Juan Bautista de Larrea, catedrático algún tiempo en Salamanca, gran autoridad en materias jurídicas y económicas, y que estuvo más tarde al servicio de Felipe IV, como abogado del Real Fisco, Oidor del Consejo Real de Hacienda y magistrado del Consejo Supremo de Castilla. Escribió en latín varios tratados, sobre materias de su especialidad, entre los que merecen especial mención sus comentarios a los Fueros de Vizcaya. Al morir en 1645, hereda el mayorazgo de Larrea su hijo Juan, secretario que fue del mismo rey, y fundador patrono de la ermita de San Juan Bautista de Larrea, hecha construir por él entre 1647 al 1650. Al morir sin sucesión, le hereda en la posesión del solar de Echano y sus pertenencias su sobrino y homónimo Juan de Larrea y Henayo, favorecido en la Corte con no menos prebendas que su tío, llegando a ser Secretario de Estado de Carlos II. Este sería el que, hallando hacia el año 1695 en estado ruinoso la ermita erigida por su antecesor, acordará derribarla para levantar en su lugar un templo mayor y más suntuoso, más en armonía con la elegancia y el estilo renacentista de su propio palacio. La nueva obra estaba terminada para el año 1704. Es la actual iglesia del Carmen de Larrea. Don Juan de Larrea y su esposa Teresa de Mudarra la han dotado y han añadido dos capellanías más a las dos puestas por el primer fundador. Pero, al fin, juzgan más conveniente para un mejor servicio de la iglesia ponerla en manos de una Orden religiosa y deciden ofrecerla a los Padres Carmelitas Descalzos.


Así empieza la presencia carmelitana en Larrea. Corría el año 1711. Los fundadores han comunicado su proyecto al P. Francisco de San Buenaventura, del Carmen de Marquina y expuesto sus condiciones. El P. Francisco informa al Capítulo Provincial que se celebra por entonces y aprueba el proyecto y propuestas de los fundadores, y todo pasa a la aprobación del Consejo General por mayo de 1712, y a 27 del mismo mes y año se firman las escrituras entre los señores de Larrea y la Orden Carmelitana, que entra en posesión de la iglesia el tres de febrero de 1713. Con esta fecha se ha constituido allí la primera minicomunidad de carmelitas, acomodándose como mejor pueden en unas celdas provisionales. Tres años duran las obras más imprescindibles de la obra del convento adosado a la estructura de la iglesia, y en junio de 1716 los religiosos pueden ocupar unas habitaciones más holgadas y apropiadas.


Entre tanto han surgido los obstáculos habituales entonces para esta clase de fundaciones: la oposición tenaz de los cabildos tanto eclesiástico y secular y de alguna otra Orden religiosa que se considera perjudicada en sus derechos, con recursos ante el Señorío y ante el Reino. El Señorío había dado ya en 1677 en las Juntas de Guernica su licencia general para fundaciones de Carmelitas, antes de la fundación del convento de Marquina. El Obispo de Calahorra dio también su consentimiento el 4 de agosto de 1719, y más tarde hubo de conminar con penas canónicas a los impugnadores de la fundación. Fue apagándose la oposición, tanto del clero como del pueblo de Echano, y el 7 de enero de 1724, la comunidad religiosa, reforzada ya con nuevos miembros, pudo iniciar una nueva etapa relativamente pacífica de observancia regular en el convento y de atención espiritual a los fieles de la iglesia. Es el momento de que pasen a la iglesia y al convento las alhajas (.imágenes de talla. cuadros, ornamentos, cálices. etc.). que los fundadores, ya difuntos, habían incluido en su donación en número considerable. Entre ellos destaca una grande y artística Custodia, regalo que fue de Carlos II al fundador D. Juan de Larrea. Pero queda mucha obra por hacer hasta dejar el convento acabado a satisfacción de todos. El hecho de ser la casa una construcción adosada a un templo anteriormente existente creaba problemas de adaptación que tardarían en resolverse satisfactoriamente. A veces parecía peligrar la continuidad misma de los religiosos en el lugar ante cierta sorda resistencia a su presencia que aún persistía en algunos grupos. La fundación no quedó muy asegurada hasta la celebración de un convenio firmado entre los cabildos eclesiástico y secular de Echano y Amorebieta, por un lado, y la comunidad de frailes por otro, el 8 de mayo de 1754. En adelante podía desarrollarse pacíficamente la vida de los frailes, tanto puertas adentro como de puertas afuera. Una proyección hacia el exterior, de apostolado por los pueblos, entraba en el proyecto de la fundación.


Fue obligación asumida por los religiosos en la escritura de fundación la de enseñar la doctrina cristiana en las misas de todos los domingos y fiestas. La cuaresma sería de más intensa predicación de la palabra de Dios. Predicaciones cuaresmales y de Misiones se extendieron a los pueblos a la redonda. Larrea fue así bien pronto centro de irradiación espiritual hacia los pueblos y centro de atracción de los pueblos hacia su Santuario.


Las crónicas del Santuario hablan muchas veces de que se llevaba allí la vida regular de los Colegios, y aun algún tiempo hubo de ser Colegio de Teología Moral para los estudiantes religiosos que se preparaban al sacerdocio. No se registran hechos de especial relieve en él hasta que la vida de la comunidad sufrió dos interrupciones: una, con la invasión napoleónica de 1808 a 1813, y otra más larga, la de la exclaustración que siguió a la primera guerra civil carlista, en cumplimiento de decretos emanados del Gobierno Central liberal en años anteriores, que aquí no se hicieron efectivos hasta el final de la guerra.


La situación de Larrea tuvo entonces una solución singular. Cuando el Gobierno procedía a la venta en pública subasta del convento y de sus bienes, D. Diego. Félix de Olaeta y Larrea, dueño a la sazón del Palacio de Larrea, reclamó e hizo valer sus derechos de patrono y dueño de la iglesia y el convento, derechos que le fueron reconocidos judicialmente en 1846, y desde entonces mantuvo allí una comunidad de Padres carmelitas. Ellos continuaron el servicio religioso del Santuario, y aparecerán registrados en las estadísticas de los Obispados de Calahorra y Vitoria en años posteriores. Esta situación dura treinta años desde el año 1846 al 1876, en que se restablece plenamente la vida carmelitana y comienza una nueva etapa en la vida del Santuario. Ocho años antes había tenido lugar la recuperación del convento de Marquina, que volvía a ser ocupado por los Padres que retornaban de la emigración en Francia. Ahora le llega el turno al de Larrea, que desde dos antes sirvió de refugio a la imagen de la Virgen de Begoña, allí trasladada para evitar el peligro de que fuera destruida en el asedio de las fuerzas carlistas a la villa de Bilbao.


En esta nueva etapa Larrea va a tener un nuevo destino por muchos años. Será casa Noviciado, de formación de nuevos religiosos que llevarán nueva savia a los conventos y provincias religiosas que se restauran o se fundan de nuevo en el propio país, en España, América e India. De sus nuevas formaciones han salido tres superiores Generales en Roma, cinco obispos por tierras de Cuba y de la India, y tres religiosos con fama de santidad que tienen en curso muy adelantado su proceso de Beatificación y Canonización. La actividad pastoral y de predicación por todos los pueblos euskaldunes de Vizcaya es, sin duda, más intensa que en la época anterior.


Los religiosos realizan también labor docente, cuando a principios de este siglo XX se crea una Preceptoría en los locales del convento para la primera formación humanística de aspirantes tanto al clero secular como regular. El año 1914 se produce un hecho nuevo; los dueños de Larrea han vendido a los padres su histórico Palacio, y en él se establece un Seminario Carmelitano para la formación de jóvenes aspirantes al hábito de la Orden (a la vez que una escuela primaria para niños del barrio y de los contornos), que dura hasta el año 1933, en que se inaugura una nueva casa, un nuevo Seminario, con vida independiente de Larrea, en el centro de Amorebieta.


Del antiguo Palacio de los Larrea, destruido en su interior por la guerra y demolidos en mala hora sus muros, no queda sino el escudo de los Larrea de Echano, colocado en una de las entradas a la plaza que mira a la fachada de la iglesia. El convento, notablemente ampliado, ha dejado de ser casa Noviciado, ahora trasladado al convento de Calahorra, también de la jurisdicción de la Provincia de San Joaquín de Navarra. La iglesia, convertida en iglesia parroquial, servida por los frailes, sigue siendo de la advocación del Precursor del Señor, San Juan Bautista, cuya imagen corona el retablo del altar mayor. Pero su fiesta, desde que en el siglo pasado dejó de ser solemnidad de precepto, no atrae ya casi a nadie y ha perdido su esplendor. La que allí reina es la Virgen en su advocación del Carmen y el año 1968 mereció los honores de su Coronación Canónica por manos de D. Pablo Gúrpide, obispo de Bilbao, Delegado Pontificio para el acto. Larrea es actualmente Santuario Mariano de pleno derecho.


En el convento, si dejó de ser noviciado, funciona hoy una casa de espiritualidad (Gogartetxea) para retiros, ejercicios espirituales, convivencias, días de descanso, etc., con un cuadro de padres que llevan su dirección y una comunidad de religiosas para los servicios de hospitalidad. Así Larrea hoy, con la dedicación pastoral y parroquial de sus religiosos, con su Gogartetxea, sigue fiel a los fines que sus primeros moradores se fijaron en 1719: el de contribuir «a la mejor enseñanza, educación y pasto espiritual de los naturales» de Vizcaya y aun del País Vasco.


fr. Lino de AQUESOLO

Santuario y convento carmelitano de Larrea.

  
Jardín interior